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2017: el año que cambió la vida de los inmigrantes y sus familias en Estados Unidos

En enero 20 de este año, Donald J. Trump tomó posesión de la presidencia de Estados Unidos, con la promesa de “regresar la grandeza a los Estados Unidos”. En los meses subsiguientes, el nuevo gobierno tendría un efecto radical en la vida de millones de inmigrantes y sus familiares.

Por medio de la retórica ponzoñosa y los cambios concretos en política migratoria, el gobierno del Presidente Donald Trump ha creado una nueva realidad hostil hacia la comunidad inmigrante de Estados Unidos, afectando incluso a las segundas generaciones, según publica este martes el diario La Opinión, el principal periódico de habla hispana en Los Ángeles.

Miles de inmigrantes como Marco Tulio Coss, un padre de familia de Arizona con una orden vieja de deportación, se presentaron a citas con la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE) como lo hacían cada año, esperando recibir otro permiso para seguir con sus familias en Estados Unidos, pero esta vez fueron encarcelados y, en muchos casos, deportados.

Cientos de miles de jóvenes beneficiarios del programa de Acción Diferida para Arribados en la Infancia (DACA), que pensaron que ya habían salido de las sombras, comenzaron a temer por su futuro. Las noticias sobre jóvenes con DACA arrestados con diferentes razones -o excusas- y el anuncio en agosto de que vendría el fin del programa, cambió radicalmente su situación.

Lourdes Ortega, Líder de la organización CASA en Maryland y una “dreamer” de Ecuador, explicó que desde que se benefició de DACA, ella y su familia han abierto su propio negocio y comprado casa. El fin del programa podría significar un muro insalvable entre ellos y el sueño que los trajo a los Estados Unidos.

“Somos gente que lucha, que trabaja y que contribuye a este país”, dijo Ortega. “Nuestra situación cambió de la noche a la mañana y nuestro futuro quedó en el aire”. Activistas y expertos estiman que más de 11,000 jóvenes ya han perdido su DACA sin poder renovarlo y que ese número se multiplicará a partir de marzo, fecha en la que expiran números masivos de permisos, entre los más de 800,000 existentes.

Miles de inmigrantes también comenzaron a experimentar un cambio inmediato en las acciones de los agentes de ICE y la Patrulla Fronteriza, que por medio de órdenes ejecutivas del presidente Trump y de sus superiores en el Departamento de Seguridad Nacional, comenzaron a tomar acción más agresiva para arrestar a cualquier inmigrante que consideraran “deportable”, sin pararse a considerar si eran o no personas con antecedentes negativos o delincuenciales.

Jesús Arreola Robles, un residente de North Hollywood (Los Ángeles) con un record limpio, vivió en carne propia este cambio de actitud.

Arreola fue arrestado en febrero al recoger en su Uber a unos residentes de Los Ángeles en San Diego. Los pasajeros estaban siendo vigilados por la Patrulla Fronteriza, porque eran indocumentados y lo acusaron de traficante. Lo arrestaron, quitándole su estatus DACA. Tomó meses de lucha legal por parte de abogados de la Unión de Libertades Civiles (ACLU) para lograr la libertad del joven y una orden judicial para que le devolvieran su estatus.

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