jueves 21 de septiembre de 2017
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Más de 25 millones de latinoamericanos podrían recaer en la pobreza, según la ONU

Entre 2003 Y 2013 la pobreza en América Latina se redujo 18% (del 42% al 24%). Es decir, 72 millones de personas de los países Latinoamérica dejaron de ser pobres, pero ese crecimiento está amenazado, advierte un informe de Naciones Unidas.

En el caso de El Salvador, los programas sociales implementados a partir del gobierno del presidente Mauricio Funes, en 2009, tuvieron un fuerte impacto y redujeron la pobreza extrema en poco más de 10 puntos.

En total fueron casi una docena de programas creados, cuales ienen un impacto directo en la población más pobre de El Salvador. Los paquetes escolares de calzado, uniformes y útiles, el vaso de leche, la pensión básica universal y subsidios al gas, la energía, entre otros, no han resuelto el problema de miles de familias, pero los ha aliviado en alguna medida.

En la última década, los latinoamericanos consiguieron mejorar sus ingresos de manera general, según ha dado a conocer la ONU en su más reciente informe sobre Desarrollo Humano en América Latina. El documento, que destaca los logros económicos alcanzados entre 2003 y 2013, señala que 72 millones de personas salieron de la pobreza al ascender su ingreso diario de cuatro a 10 dólares.
Sin embargo, la entidad advirtió que la exclusión social y la crisis económica forman un combo que amenaza con devolverlos a ese limbo del que habían logrado salir.

El reporte presentado este martes por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) destaca que, en ese período de 10 años, 94 millones de personas salieron de una situación de vulnerabilidad y alcanzaron la clase media (su ingreso diario pasó de entre 4 y 10 dólares a entre 10 y 50). Este crecimiento se está viendo sin embargo amenazado por la actual desaceleración económica internacional, así como por los cambios en los precios del petróleo y las materias primas.
Pero la principal amenaza, de acuerdo con el informe, es la desigualdad social, que va más allá del nivel de ingreso de cada persona, pues no todos se beneficiaron del progreso. Para las mujeres, los indígenas o los afro descendientes, ganar más dinero no significa cerrar la brecha, ya que siguen percibiendo menos ingresos que los hombres o los grupos raciales más favorecidos, explica George Gray Molina, economista en jefe del PNUD para la región y principal autor del informe.

“Las mujeres con mayor educación siguen ganando un 16,4% menos que los hombres. No se trata de darle más ingreso a un grupo, sino de tomar acciones contra la discriminación. Cerrar las brechas es subir la escala económica, pero para estos temas no es suficiente porque sigue habiendo diferencias entre ellos”, dijo Gray Molina al periódico español EL PAÍS.

Gran parte de la región sufre un trato desigual al margen de su nivel de ingresos, y muchas de estas formas de discriminación son invisibles a las estadísticas y las acciones de política pública, indica el informe. “Subsisten múltiples exclusiones por condición étnica, racial, color de piel, identidad sexual, condición migrante y discapacidad que no se resuelven con más ingresos. Requieren políticas de discriminación positiva, antidiscriminación y reconocimiento de derechos colectivos”, puntualiza el texto.
Por debajo de lo esperado
El reporte reconoce el avance de América Latina y el Caribe en algunos indicadores como la mortalidad materna, la desnutrición infantil o el acceso a servicios básicos como la electrificación rural, el saneamiento y el agua mejorada.
No obstante, advierte de que el nivel actual de otros logros se encuentra por debajo de lo esperado, principalmente en tasa de homicidios, desigualdad de ingresos, embarazo adolescente, empleo vulnerable, pensiones y educación en lo referente a escolaridad promedio, deserción escolar y razón de maestros por alumno en el nivel básico.

También destaca que en el periodo 2003-2013 -al que la ONU considera un boom de crecimiento del PIB per cápita y sus efectos sobre la reducción de pobreza y la desigualdad- cerca de 50 millones de personas se incorporaron al mercado laboral, pero casi todos al sector de servicios: albañiles, transportistas, ayudantes en el transporte, fotocopiadores, peluqueros, empleados de cafeterías con Internet… Este tipo de empleos se desvanece porque está atado al consumo y no a la inversión. Los empleos insertados en cadenas productivas son más resilientes a las crisis y menos volátiles, explica Gray Molina.

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