Latest News

Operativos de ICE (Migración de los Estados Unidos) ponen los nervios de punta y enferman a los inmigrantes

Con información del diario La Opinión, de Los Ángeles.
Francisco Moreno, del Consejo de Federaciones Mexicanas (COFEM), dice que se quedó muy preocupado después de recibir una llamada telefónica de un paisano suyo de Michoacán, México.

“Lo noté muy exaltado, muy asustado. Y me causó curiosidad porque él no toma alcohol. Me confió que vive angustiado y con mucho miedo de que la Migra lo vaya a detener”, cuenta Moreno.

“Es más, mi amigo cree que lo puedan detener de un momento a otro en su casa, su trabajo o cualquier lado. Le preocupa mucho porque tiene tres hijos nacidos aquí en los Estados Unidos. Yo le dije que se tranquilizara. Él me respondió que está tan desesperado, que no descarta regresar a Michoacán”.

Moreno dice que como este inmigrante, quien es un obrero de 43 años residente del condado de Los Ángeles, muchos indocumentados están muy afectados anímicamente ante la posibilidad de ser deportados.

Frustración y mucho miedo
Al intensificarse los operativos y arrestos bajo la administración de Donald Trump, los inmigrantes indocumentados no solo se han llenado de miedo sino que se sienten ansiosos, frustrados y deprimidos. Algunos de ellos han comenzado a experimentar dolores físicos.

La trabajadora social con especialidad en terapia clínica, Susana Victoria Parras, quien da consejería a los inmigrantes que asisten a las clínicas legales que ofrece la campaña “Migra Fuera de Los Ángeles” , afirma que el inmigrante siempre ha vivido con miedo a ser detenido y deportado pero bajo el nuevo gobierno y con el aumento de las redadas, el temor ha subido de intensidad.

“Además, han comenzado a padecer mucho dolor físico. Algunos sienten que se van a desmayar, les dan dolores de estómago, de cabeza; sufren de vértigo y muchos nervios”, explica.

Al principio, dice que cuando van a la clínica legal y se enteran que de momento no hay un remedio migratorio, se sienten muy desilusionados.

“Algunos lo único que buscan es desahogarse. Ellos tienen miedo a lo desconocido, a no saber qué les espera si son deportados”, comenta.

Incluso, dice que a algunos inmigrantes les cuesta expresarse. “Yo les hago ver que todo lo que se platica en la terapia es confidencial”, indica.

Y les explica que todo ese malestar físico provocado por miedo a que la Migra los detenga tiene una conexión con lo emocional. “Les hago ver que no están locos, que es normal que se sientan mal dadas sus circunstancias”, expone.

Menciona que además muchos estudiantes cuyos padres han sido deportados pasan por depresión y desánimo.
“Yo trabajo como terapista en una escuela. Y me tocó ver el caso de un muchacho cuyo padre fue deportado. Él no quería hablar con nadie. No estaba durmiendo ni quería comer”, cuenta.

“Tampoco quería volver a jugar fútbol ni tocar la guitarra porque eso lo hacía con su padre y era demasiado doloroso intentar esas actividades”, revela.

Desafortunadamente, afirma que no muchos de los programas de salud mental son accesibles para los inmigrantes indocumentados.

Martín Delgadillo, un jardinero que lleva 25 años en el país como indocumentado y tiene una orden previa de deportación, admite que vive con miedo. “Cuando más me da, es por las mañanas al salir de la casa. Ahora sí que me encomiendo a Dios“, dice soltando una risa nerviosa.

Revela que su mayor temor es dejar solos a sus cuatro hijos. “Aquí nacieron, aquí se han desarrollado y aquí tienen su historia”, cuenta. Si bien, tres de sus hijos son mayores de edad entre los 26 y 23 años, la menor de 15 años es quien más le preocupa porque sufre Síndrome de Down.

La terapeuta Parras recomienda a los inmigrantes realizar a diario actividades que los hagan olvidar su angustia.

Sus recomendaciones son: salir a dar una caminata, correr, hacer manualidades, acercarse a su religión si la tienen, escribir un diario donde le pueden escribir a Dios como se sienten. “Platicar con un amigo de confianza sus miedos, ayuda mucho”, comenta.

Pero sobre todo recomienda que emprendan actividades que les despierten sentimientos positivos como salir a ver la naturaleza, perderse viendo una película o un programa de televisión que les guste.

“Hay gente que me dice que no tiene tiempo para hacer algo que le guste diariamente. A ellos, les digo que por lo menos cuando estén muy abrumados, hagan algo tan sencillo como respirar. Métanse unos minutos al baño o a un cuarto y hagan unas cinco respiraciones profundas. Eso les van a aliviar muchísimo”, dice.

A los menores de edad que han sido separados de sus padres a causa de la deportación, les recomienda buscar actividades que les gusten. “Golpeen la almohada si eso les hace bien. Pero a este muchacho que ya no quería jugar fútbol ni tocar la guitarra porque lo hacía recordar al padre deportado, le aconsejé volver a hacer las cosas que antes le gustaban. Él encontró refugio en pintar y dibujar y escribir canciones”, dice.

Graciela López, organizadora de la campaña “Migra fuera de Los Ángeles” comenzó desde hace siete meses, un programa de clínicas legales cada mes por distintos puntos del condado de Los Ángeles.

“Hay demasiada gente que están en proceso de deportación o que califican para un remedio migratorio, pero que no tienen acceso a consejería legal”, explica.

Además de que pueden hablar con un abogado, durante la clínica les dan una plática sobre sus derechos y les dicen qué hacer cuando la Migra llega a su casa, camino al trabajo o en los detienen en la calle. “Deben saber que más allá de dar su nombre, tienen derecho a permanecer callados”, indica.

Desde hace cuatro meses cuentan con el apoyo de la terapeuta Parras. “Vimos que había esa necesidad porque la mayoría de los que vienen a las clínicas son inmigrantes en proceso de deportación o que de momento no encuentra una solución migratoria. Por lo tanto necesitan apoyo emocional”, dice López.

Hace dos meses la campaña “Migra fuera de Los Ángeles” inició un grupo de apoyo llamado Colectivo de Inmigrantes para ayudar a quienes asisten a las clínicas a que se conviertan en líderes en sus comunidades.

Aunque Martín Delgadillo no participa en dicho Colectivo, dice que participar en actividades comunitarias de defensa de los inmigrantes, le ha ayudado un poco a aliviar la tensión a ser detenido. “Me da confianza y seguridad”, reconoce.

BOLETÍN DE NOTICIAS

No te pierdas ninguna noticia, suscríbete