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Alemania regresa a México piezas arqueológicas de 3,500 años de antigüedad; el juicio duró una década

Dos piezas prehispánicas mexicanas que se encuentran en Munich, y que datan de alrededor de hace tres mil 500 años, regresarán mañana a México en la persona de la coordinadora de Asuntos Jurídicos del INAH, María Villarreal, durante un acto de entrega en esa ciudad alemana.

El retorno de las piezas se llevará a cabo en Munich, donde se encuentran. Se trata de una de las más antiguas piezas precolombinas hechas de materia orgánica que existen. El valor histórico y cultural para México es muy grande. En el mercado internacional costarían cada una 100 mil euros (unos 147 mil dólares).

Las piezas se encuentran todavía en la Archäologische Staatssammlung München (Colección Estatal Arqueológica), cuyo director, Rupert Gebhard, estará presente en la entrega a México, así como también representantes de la Oficina Federal Alemana de Criminalidad, que decomisó esos objetos.

Las piezas estaban en manos del coleccionista de origen costarricense, Leonardo Patterson. El juicio que inició México para recuperar las piezas duró 10 años, en los que Patterson trató de mantenerlas en su propiedad.

El historial de la recuperación de las piezas por parte de México es digno de una novela policíaca. Quedó demostrado que Patterson en persona trajo las piezas a Europa y las dejó para su estudio y restauración en una institución británica.

Después aparecieron de nuevo en España y finalmente fueron decomisadas por Alemania, donde la justicia mexicana inició las gestiones para hacer valer los derechos del país sobre esas piezas, lo cual finalmente se logró.

Las autoridades mexicanas llevaron a cabo ese procedimiento a través de un despacho de abogados alemanes especializado en la restitución de bienes culturales a Latinoamérica.
Las piezas proceden de la región olmeca del Manatí, a 50 kilómetros de Coatzacoalcos, una zona pantanosa, razón por la que los objetos de alrededor de 50 centímetros fueron sacadas del país en bolsas con agua en 1988.

Fueron en esas condiciones en las que Patterson las llevó a un laboratorio en Londres.

Con el veredicto dictado por la ley alemana, Patterson no solo perdió las piezas durante el largo proceso judicial, sino que además corre el riesgo de ser encarcelado por el tráfico de bienes arqueológicos a nivel internacional, tanto falsos como auténticos.

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