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Protestas en Barcelona en apoyo a Puigdemont dejan 53 heridos

El ex presidente de la Generalitat de Cataluña y líder del movimiento independentista catalán, Carles Puigdemont, durmió ayer en una cárcel al norte de Alemania, en Neumünster, a unos kilómetros de Hamburgo. Su detención se produjo cinco meses después de que saliera de forma furtiva de su ciudad, Girona, tras declarar la secesión unilateral de la región y ante el temor de la respuesta “represiva” del Estado español.

Su aprehensión por orden de un juez español, Pablo Llarena, del Tribunal Supremo (TS), provocó una ola de indignación en Cataluña -la segunda en tres días-, en la capital, Barcelona, se registraron además de la movilización de miles de personas también duros enfrentamientos con la policía, el incendio de decenas de contenedores de basura, heridas en 53 personas y al menos cinco detenidos por los disturbios.

En menos de 72 horas, el juez Llarena ha realizado dos movimientos que han dejado descabezado al movimiento separatista catalán y, al mismo tiempo, han provocado la indignación, la rabia y la repulsa entre la ciudadanía, que entienden que se trata de una medida “represiva”.

La clave de la detención de Puigdemont está en el auto emitido por el juez español el pasado viernes, en el que además de ordenar el ingreso en prisión de cinco líderes independentistas, entre ellos el que 24 horas antes se había sometido a la sesión de investidura en el Parlamento, Jordi Turull, también reactivó las órdenes de búsqueda y captura internacional en territorio europeo contra el ex mandatario catalán, cuatro ex consejeros que se refugiaron con él en Bélgica y contra la secretaria general de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Marta Rovira. A partir de ese momento, el aparato de la Cancillería española y el Ministerio del Interior se pusieron a trabajar a todo gas para girar la petición.

Ese día, Puigdemont se encontraba en dando una conferencia en Helsinki, con lo que al conocer la noticia salió de forma furtiva del país con el objetivo de volver lo antes posible a territorio belga, donde sus abogados habían preparado la línea de defensa. De hecho, el ex mandatario catalán tenía previsto dar una conferencia más en Copenhague, que se tuvo que cancelar.

Consciente de que el marco legal que más le favorecía para no ser extraditado era el belga, Puigdemont, bajo la asesoría de un grupo de abogados, decidió emprender el camino de regreso a Waterloo en coche, para lo que tenía que recorrer hasta dos mil 400 kilómetros y tenía que cruzar primero Finlandia, después Suecia Dinamarca y finalmente parte de Alemania antes de llegar a la frontera con Bélgica. Y ese viaja además lo hizo en el mismo vehículo en el que se suele mover en Bélgica, para lo que ordenó a sus colaboradores que lo fueron a buscar hasta Finlandia.

Sin embargo, el ex mandatario catalán estuvo controlado en todo momento por agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI, el centro de espionaje español), a través de uno de sus teléfonos celulares y por el citado vehículo.

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