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Septiembre esconde una historia con sabor a dona

Redacción APS. –

Mientras la larga fila se agolpa al mostrador del Míster Donut, para comprar las donas “a dos por una” durante el mes de septiembre, hay una historia escondida detrás de cada rostro de las jóvenes empleadas que atienden a la desbordante clientela.

El caso podría alcanzar niveles de explotación laboral, a juzgar por los testimonios de al menos once de estas trabajadoras contactadas por APS, en siete de las sucursales del restaurante en San Salvador y Santa Tecla, algunas de las cuales ahora abren sus puertas las 24 horas del día.

La historia comenzó un fin de semana con una expresión que llamó la atención de un periodista de la Agencia de Prensa Salvadoreña (APS). “¡Hay, gracias a Dios ya se va a terminar septiembre!”, dijo una joven trabajadora de uno de los restaurantes, para luego afirmar: “si la gente supiera lo que vivimos en septiembre (cuando las donas se ponen a dos por una)”.

Míster Donut es una cadena de restaurantes de instalaciones iluminadas, amplias y accesibles, que muchas personas visitan para tomar un café, un postre, desayunar, almorzar o cenar, leer y hasta para hacer negocios. Es un punto de encuentro para muchos estudiantes, jubilados y empleados que encuentran ahí un ambiente agradable, donde poder platicar hasta por varias horas.

Pero en setiembre la clientela se desborda pues las donas en este mes bajan el precio a la mitad. Las donas tradicionales valen regularmente $1.00 dólar y las rellenas $1.15, pero en septiembre, el llamado “Mes de la Patria”, el restaurante entrega dos por el precio de una.

Las donas son llevadas de las tiendas por montones. Un empleado de una empresa cercana al monumento El Salvador del Mundo llegó por 30 unidades el pasado lunes, otra señora fue ayudada por dos personas más para cargar con más de 12 cajas repletas de donas. Y así, las filas largas de compradores permanecen todo el día.

Margarita, nombre ficticio de una de las empleadas del Míster Donut que conversó con APS, declaró en una corta entrevista que le da gracias a Dios por tener un trabajo, “pero en este momento todas estamos bien agotadas, dos compañeras se corrieron ayer y muchas no rinden como debería ser y uno las entiende, este trabajo es recontra pesado en septiembre”.

En otra sucursal, la semana pasada una  empleada que se abstuvo de dar su nombre dijo que había entrado a las 10:00 de la mañana al trabajo y saldría a las 9:00 de la noche. ¿Va a trabajar 11 horas solo hoy? “Sí, ni modo, tenemos necesidad del trabajo y ¿para dónde?

“La gente galán viene, se lleva sus promociones de donas y disfrutan en la casa o en el trabajo, pero solo las que echamos reata aquí sabemos lo que nos cuesta… es bien pesado el trabajo”, dice la joven. Reconoce que “la gente disfruta con las donas a mitad de precio y eso me alegra porque gracias a esta promoción pueden darse un gustito”.

Otra empleada confesó: “a mí cuando ya se acerca septiembre me da no sé qué, me aflige porque uno casi ni ve a la familia porque llega tan cansada del trabajo a la casa que uno llega a dormirse, ni tiempo le dedica casi a la familia”.

Una empleada dijo a APS que hace unos días atendió a una pareja de ancianos platicadores que le contaron que cuando es el mes de mayo o junio “dicen que  están que no se aguantan porque llegue septiembre para venir a comprar sus donitas, el resto del año no comen donas porque las consideran muy caras. “¡Imagínese usted, esperan un año para comer donas!”

Otra empleada, un poco más veterana y quien lleva varios años laborando para el restaurante, cree que “los señores (se refiere a los dueños) deberían tomar algunas medidas, porque no se puede con el mismo personal atender a tanta gente”, aunque en algunos casos hay refuerzos.

“Nosotras ponemos la cara,  a veces la gente se molesta por el mal servicio que les damos y tienen razón, pero nosotras no tenemos la culpa, no damos abasto, necesitamos de más personal”, dice con voz amable y con un tono que proyecta sabiduría.

Explicó durante la plática que a veces personal de cocina tiene que “echar una mano” y atender a los clientes que llegan por desayuno, almuerzo, cena o un plato típico. Incluso “las jefas se ponen a veces a atender a la gente cuando nos ven a nosotras como locas corriendo para un lado y para otro y la gente brava porque espera demasiado”, dice.

En una visita a uno de los restaurantes, varios clientes que esperaban que les atendieran durante la hora del almuerzo, optaron por retirarse todos y dejaron el área de comidas sola, porque no había personal atendiendo. La cajera servía almuerzo, bebida, donas y cobraba, mientras algunas de sus compañeras acarreaban como hormigas decenas de cajas con donas desde la cocina.

Una de las gerentes de sucursal que decidió atender al periodista de APS posiblemente dio la respuesta más honesta posible para dar una explicación de lo que sucede en el Donut en septiembre. “Como comprenderá para mi es difícil responder a su pregunta, pero es posible que algunas empleadas tienen razón. Aquí se trabaja fuerte y en septiembre ya no se diga. Sobre lo demás no puedo opinar”.

Una empleada accesible y elocuente dijo tener la explicación del asunto. “Lo que pasa usted es que son negreros (los dueños), nos hacen trabajar demasiado… con la gente quedan bien,  porque ¿quién no viene por las donas a dos por una? pero a sus empleados les sacan el jugo más de la cuenta”.

“Así son todos verdad”, dice en seguida. “Imagínese las cajeras del súper, que las hacen trabajar el 24 y 31 de diciembre hasta bien noche y su familia esperando en la casa… todo lo que hay que hacer por necesidad”.

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